sábado, 30 de maio de 2009

Último viernes del mes

Hoy no era un día cualquiera, era un viernes, el último viernes de mayo, cinco meses del año que ya pasaron, qué pena!, me gustan los años con números impares. También es el cumple de mi amiga Ana, quería darle un beso grande pero tuve que conformarme con mandárselo por facebook. A ella le gusta celebrar los cumpleaños, como a mí.

Salí corriendo de casa, hice fuerza para que el ascensor bajara más rápido los nueve pisos, en vano, claro. Y continué corriendo sin cumplir la promesa que me hice hace tiempo de no correr ningún ómnibus ni ninguna escalera que me lleva al metro porque en tres minutos pasará otro y nadie muere por esperar tres minutos más. Solo que me olvido de eso más seguido de lo que me gustaría, sigo corriendo y sigo siendo yo quien espera porque como todas las veces… llegué primero!

Llegar primero a todos lados es una de las razones por las cuales decidí escribir este blog… tener algo que hacer mientras espero. Aunque llegar primero en este café no es ningún sacrificio, que lindo es este lugar!! Detalles por donde mires, simplicidad y clase en cada rinconcito. Hoy me duele mucho la garganta y decido cambiar el café por un té. Las opciones fueron: Despertar, Bem estar, e fruta flor. Confieso que aunque Bem estar me sedujo profundamente, no me animé con ninguno.. preferí te verde, bien conocido por mí que vivo haciendo dietas y ese debe ser el té que más he tomado en mi vida!.

Finalmente quien espero llegó y entre los diez pasos que lo separan de mi, hay cinco personas que también lo esperan. No, no estaba esperando ninguna estrella de la tele, pero el es un poco famoso.

Hoy aprendí una cosa interesante: que quien esperas haya llegado al lugar de encuentro, no te garantiza que valorará el tiempo que estuviste esperando ni las veces que ensayaste frente al espejo lo que le dirías… No es preciso decir las veces que lamenté haber salido de casa corriendo, bajar de dos en dos los escalones del metro, y hacerme más un hematoma en la pierna por haberme llevado por delante la catraca.

El tiempo pasa, pido un agua sin gas y sin hielo, y continúo esperando… medio atenta a mis pensamientos y más atenta a lo que me rodea. Casi todos beben lo mismo y comen parecido, pienso que no sea por falta de opciones, ya que la carta es variada, rica en nutrientes y nombres bonitos. Observo que así como generalmente quien usa camisa y pantalón de vestir toma café expreso, la gente que viste zapato sin taco, pantalón suelto y pañuelo en el cuello… come parecido. Me miro, me veo, también estoy usando pañuelo en el cuello, pantalón suelto y zapato sin taco...

Finalmente llegó el momento… de él disponerse a hablar conmigo? No, de pedir un “café con edulcorante, por favor”.

26 de Mayo, Starbucks

Pensé que era simplemente entrar y ser atendido, como en cualquier lugar común, pero no. Intenté sentarme en uno de los lindos sofás… pero todos estaban ocupados.

Dejé mi libro encima de la mesa, la mochila también. Y yo seguía en búsqueda de un sofá, - tengo derecho de sentarme cómoda- pensé, el derecho que me da haber trabajado todo el día en otra

ciudad y de haber pasado dos horas en el transito, en un ómnibus sin baño. Solo habían parejas en los sillones, ninguna parecía muy animada, rostros cansados, probablemente tuvieron un día corrido, como todos los días en esta ciudad, ya nadie se escapa, yo tampoco. En las mesas, solo jóvenes, lucían mas animados, más contentos. Uno intentaba descifrar uno de esos cubos mágicos… cosa que yo nunca conseguí porque mi paciencia es limitada, como ya sabemos.

El olor a café tomaba cuenta de mi, continuo en la mesa sola, literalmente sola porque el café tampoco había llegado, ni había tenido la oportunidad de pedirlo. Como siempre, llegué antes que todo el mundo, lo que hace mucho tiempo dejó de ser una ventaja.

El primer sillón se desocupa, pero el cuarteto de amigos fue mas ágil que yo y lo ocupó.

Ahora una moza pasa cerquita de mi, limpió la mesa de al lado, -pronto, este es el momento en que me va a preguntar que quiero tomar- pensé. Ups! No me preguntó. Las mesas libres comienzan a ser ocupadas, todas por hombres jóvenes solos. Será que también están esperando compañías que salgan del trabajo, y que aunque ya haga dos horas que pasó la “hora pico” deben estar parados en el transito?. Pienso que si.. bueno, esa es la única razón por la que yo estaría aquí... esperando a alguien, porque este no es un lugar que elegiría para pensar sobre mi vida.

Aunque yo no estoy de traje y corbata... será que el tipo de pantalón que usamos nos diferencia en los pensamientos.. He pensado que tiene todo que ver, pero no se.

Música en ingles de fondo, un poco alta para mis oídos que son sensibles a los ruidos, pero no lo suficiente para impedir que escuche la conversación entera del trío de amigas que está en la mesa de al lado, las tres ya terminaron su café, pero siguen ahí. Como yo seguiría si mis amigas estuvieran aquí. Nostalgia? Un poco, pero todavía no lo suficiente para salir de ahí e irme al aeropuerto. Cuestión de actitud? Puede ser.

Las parejas continúan en los sofás, algunas de manos dadas, otras menos animadas y el olor a café me abre el apetito, pero la pereza de guardar mi blok, mi libro y la lapicera de tinta negra fina que estoy usando, y salir en busca de mi café, es más fuerte y continuo aquí, a la espera del encuentro, de un beso y un par de abrazos, tal vez.

Una mesa y tres sillas se desocupan, justo enfrente, yo espero dos personas, será que tendría que cambiarme de lugar y así asegurar que tendremos lugar para los tres?. Mi pensamiento y la punta de la lapicera quieren seguir escribiendo, aquí... casi sin moverse, en un rinconcito tímido de la sala que huele a café y tiene más tomacorrientes que gente. Sí, ahora no sobrevivimos sin computadoras, pero ellas todavía precisan de cargadores y tomacorrientes. No son tan autosuficientes. Y yo me estoy pareciendo tanto a todos y a todas... ya hice una lista de los mails que preciso mandar hoy y del montón de cosas atrasadas que tengo, pensé tres veces en 30 minutos, que es el tiempo que llevo aquí, en que debería haber vuelto a casa y resolver las quince cosas que dejé pendientes.

La primera de las dos personas que espero llegó, en el momento justo como para interrumpir mis pensamientos inútiles y disponerme a tomar un rico café americano. Así es, en la tierra del café, yo pido uno americano. Globalización, lo llaman por ahí.

Segundo convidado aparece, como previsto, gané beso y abrazo. Es hora de ir al balcón y finalmente hacer el pedido:

“café con edulcorante, por favor.”