Víspera de feriado, llovía en São Paulo, 293 km de tráfico -bate record- dicen todos los titulares.
Llego en casa, toda mojada, después de haber saboreado un submarino en un rico café argentino, deliciosamente preparado con una barra de chocolate blanco. Antes de secarme, instintivamente prendo la computadora, y me deparo con que la internet no funciona. Intento todas las opciones que se le ocurren a una persona que no sabe nada de informática pero que “necesita” usar su computadora. Ningún resultado. Busco hasta encontrar una tarifa del proveedor, cosa que no suele ser fácil en mi orden particular. Encuentro, tengo dos teléfonos, elijo el 0800 previendo que pasaría varios minutos apretando números de opciones hasta, con mucha suerte, conseguir hablar con alguien. Eso si todas las opciones posibles ya no estuvieran gravadas y la máquina resolviera el problema sin necesidad de más que un humano digitando números.
Efectivamente, comienza la historia “si necesita tal cosa, digite 1; si su problema es equis, digite 2; si desea hablar con un funcionario, digite 3”. Aunque mi problema estuviera entre el 1 o el 2, elijo el 3 porque deseo hablar con un funcionario. Quiero tener el derecho de decir que no tengo internet en mi casa! Ingenuidad mía, la opción 3 dice: “en el momento nuestros operadores están ocupados, por favor aguarde que será atendido a la brevedad”. Quería entender cuál es el concepto de brevedad para los call center, porque ciertamente no coinciden con el mío.
Opto por digitar 2, tal vez algunos de los operadores de la otra línea dejó de estar “momentáneamente ocupado”. Sin suerte. Continúo esperando. Finalmente una voz femenina, que sin dudas deseaba estar descansando en el sofá de su casa, aprovechando la víspera del feriado, pregunta en que puede ayudarme. No tengo internet – respondo -. Momento seguido: su router ADSL está conectado a la electricidad? Confieso que pareció un chiste, pero el tono era tan inexpresivo que entendí que era una pregunta de verdad. Sí, -respondo- mientras pienso como es posible que esa sea la respuesta que recibo después de llevar 13 minutos en la línea. Ella podría preguntarme si hoy tuve un buen día, pero no si el aparatito que me conecta a internet, estaba prendido. Acto seguido “señora, por favor desconecte su cable de conexión y espere 30 segundos”. Mi respuesta fue menos educada que la de ella y mi tono más expresivo: ya hice eso 15 veces – respondí-. Lo había hecho 3, esa es una de las cosas que quien no sabe nada de informática tiende a hacer, desconectar, esperar y volver a conectar. Pero el numero 15 da un énfasis mayor, tal vez así finalmente me daba una sugerencia que resolviera mi problema. No fue el caso. Durante los cuatro minutos que siguieron, mientras ella buscaba en su manual memorizado que otras frases podría repetir, yo pensaba en cual será la fuerza interior que permite que las personas sobrevivan a este tipo de trabajos. Como es posible que alguien resista siendo entrenado para repetir frases hechas, ser simpáticos cuando quieren mandar a sus clientes al fondo del rio, y ser educados cuando el que está del otro lado del tubo merece ser puesto en su lugar. En ese caso, quien estaba del otro lado del tubo era yo. Que estaba con frio, de mal humor y sin internet.
Decido agradecer, y le digo que si el problema no se resuelve, mas tarde me comunicaré nuevamente. Mentira. No lo haría… no resistiría mas 18 minutos de lo mismo en un único día, pero me pareció una decisión saludable para ambas. Aceptando mi feliz determinación me pregunta, con su tono de voz que continuaba con la misma inexpresividad desde el comienzo de nuestra conversación, 19 minutos antes: “Hay algo mas en lo que la pueda ayudar?” Cómo? No me ayudó en nada, sigo sin internet, cada vez mas irritada, perdí 19 minutos de mi tiempo digitando los números 1 y 2, mojada, y me pregunta si me puede ayudar en algo mas? - pensé - pero solo respondí: "no, gracias"; sin entender por que seguíamos ahí. Será que habrá alguien que después de tal situación, todavía tiene voluntad de pedir ayuda para intentar, sin éxito, resolver alguna otra cosa? Y la misma voz a la que mis oídos ya casi se estaban acostumbrando, dice, automáticamente y sin querer decir: “tenga una buena noche”. Es exactamente eso – pensé – estamos precisando de una buena noche y de un buen café... con edulcorante, por favor.
