La escena se repite cada vez. La sala está llena, la mayoría son mujeres mayores de cuarenta años. Algunas acompañan, otras son acompañadas. Compartimos algunas cosas, no compartimos otras. Canasto repleto de revistas, casi todas cuentan la vida social de los artistas, casamientos y divorcios, marcas de ropas y últimas noticias. Otras, pocas, del tipo “muy interesante”, generalmente son las que más se ven en el revistero.
Agarré una sobre turismo, específicamente sobre promociones de cruceros, no porque me interesara y sí porque era la que estaba más “a mano”. No pasé de la tercera hoja. Esa escena también siempre se repite, pocas veces las revistas me resultan una buena opción para la espera, por dos motivos principales: los revisteros siempre están colocados en un rincón de la sala, entre dos sofás que cuando llego ya están ocupados, lo que no facilita el menor diálogo entre la revista que quiero leer y yo. La segunda razón es que otras cosas ocupan más mi atención, como escuchar las conversaciones que se dan al lado mio. Me divierte hacer conjeturas y conferir después; adivinar el vinculo que hay entre esas dos personas que están al lado, generalmente madre e hija que hablan mal de algún pariente. De un momento a otro el tema deja de ser medianamente privado (ya no era enteramente privado porque mis oídos escuchaban todo lo que hablaban) para ser asunto público. Esta vez, como casi todas, el tema que más que público era popular, era la novela de las 8, que extrañamente pasan a las 9 y que todavía nadie me supo explicar cuál es la razón de tal cuestión.
Pronto, lo que era tema de una dupla, que levantaba la voz cada vez más con una invitación sutil y previsible para que el tema convocara al resto, pasa a ser de toda la sala. Objetivo conseguido, entendimos y aceptamos la invitación. Todas, absolutamente todas sabíamos de lo que se estaba hablando. Inclusive yo. Conocíamos con detalle la historia de cada personaje y hacíamos previsiones de lo que acontecería con cada uno de ellos. Aunque debe hacer solo unas seis semanas que comenzó, ya tenemos nuestros personajes favoritos, detestamos a "la mala" y hacemos fuerza para que los actores principales se encuentren y pasen el resto de sus vidas, o por lo menos de la novela, juntos.
Habían pasado cuarenta minutos y yo todavía estaba ahí, preguntándome, como siempre hago, por que nos citan de diez en diez minutos si solo nos llamarán de cuarenta en cuarenta. Mismo así, sigo llegando a la hora marcada. Es así -pensé- algunos esperamos, otros son esperados.
Hago de mis pensamientos una frase que sale en voz alta y llama la atención de la recepcionista más por mi acento que por la originalidad de mi pregunta, que al juzgar por su respuesta, su sonrisa fingida y su tono de voz, todos los días escucha la misma queja. Ignorada e impaciente pienso que, por suerte o por estrategia, en consultorio de médico generalmente hay café y a veces, ya está con edulcorante.

jejeje ;)
ResponderExcluirLa novela es de las 8, y yo ya te expliqué, porque hubo un cambio lento y gradual de horario. Era 8 y media, paso para 9 menos cuarto, 9 y poco, y asi quedo, ademas hay la de las 6, de las 7, es logico(por secuencia) que la proxima sea la de las 8h. Besotes
ResponderExcluirYo juraba que estabas diciendo del peluquero, aunque tu medico es el mas impontual del mundo, jeje
ResponderExcluirBesos